Estrategias para potenciar la motivación y adherencia al ejercicio

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Estrategias para potenciar la motivación y adherencia al ejercicio

Potenciar la motivación al ejercicio y deporte

Una aproximación, de las pocas que hay en este sentido relacionadas con la motivación y el ejercicio es la Teoría de la Autodeterminación TAD (Deci y Ryan, 1985). Esta teoría, con mucha aplicación práctica constituye un modelo explicativo de la motivación humana que ha sido aplicado a diversos ámbitos, entre ellos, la actividad físico-deportiva.

Dicha teoría determina en qué medida las personas se involucran o no libremente en la realización de sus actividades, teniendo en cuenta una serie de mecanismos psicológicos reguladores de la conducta, y buscando en la medida de lo posible una mayor orientación hacia la motivación autodeterminada.

Los estudios muestran que dicha motivación autodeterminada está altamente relacionada con la motivación intrínseca, mientras que la motivación extrínseca y sus mecanismos reguladores favorecen conductas no autodeterminadas e incluso caracterizadas por la falta de motivación (que comentaremos en otro post).

Las implicaciones prácticas en el ámbito de la práctica físico-deportiva sugieren la conveniencia de desarrollar formas de mejorar la motivación intrínseca y sus formas de regulación.

Estrategias para desarrollar la motivación

  • Proporcionar feedback positivo. Se debe facilitar retroalimentación positiva con el fin de promover las sensaciones de competencia y autoconfianza en el sujeto. Así, por ejemplo, se debe estimular al practicante, al niño o al deportista con expresiones del tipo: “buen trabajo, lo estás haciendo muy bien”, “me gusta cómo has realizado ese lanzamiento”, “muy bien colocada la espalda para el ejercicio de piernas”, evitando aquellas del tipo, “ese lanzamiento lo has realizado en posición de brazos incorrecta”, etc.
  • Promover metas orientadas al proceso y transmitir un clima motivacional implicante a la tarea. Las personas se centrarán más en mejorar su propia tarea, evitando las presiones externas que les provoquen tensión. Se debe orientar al practicante con expresiones como “olvídate de cómo lo hacen los demás, céntrate en mejorar tu propio ejercicio”, evitando aquellas del tipo “tienes que realizarlo perfecto, cueste lo que cueste”.
  • Establecer objetivos de dificultad moderada. El éxito se consigue antes, fomentando la sensación de competencia en el cliente. En este sentido se manifiesta la importancia de las progresiones, en los diversos ámbitos de la actividad física. También en el ámbito de la actividad física no competitiva, el establecimiento de objetivos realistas puede ayudar a prolongar el tiempo de práctica, así como consolidar las intenciones de ser físicamente activos.
  • Dar posibilidades de elección en las actividades. Con ello, el propio participante se sentirá parte importante del proyecto. Se puede establecer varias opciones para trabajar un determinado objetivo, dando al practicante la posibilidad de escoger y trabajar a su propio ritmo. Por ejemplo, si estamos trabajando la coordinación segmentaria a través de lanzamientos y recepciones, podemos dar la posibilidad de que los alumnos elijan con qué material van a realizar la actividad (pelotas, pelotas de tenis, etc.). Así, por ejemplo, se podría dar a elegir entre varios ejercicios para trabajar un determinado grupo muscular, de los que el practicante debe escoger uno o dos ejercicios
  • Fomentar la relación social entre los participantes. Los jóvenes deportistas con una baja calidad en las relaciones sociales y baja percepción de autonomía presentan una alta desmotivación. Para promover situaciones de relación con los demás: empatía (por ejemplo, seguir el ritmo de un compañero), esfuerzo en la relación (en aquellos juegos o situaciones en las que existen varios participantes y hay manejo de un móvil, éste debe pasar por todos los componentes del grupo), preocupación por los demás (interesarse por el estado del compañero de actividad), fomentar sentimientos de relación con los demás (importancia de realizar actividades de interacción con los otros en gran grupo, como por ejemplo, juegos de presentación o dinámicas de desinhibición), satisfacción con el mundo social (aspecto importante a trabajar con los niños, todos deben jugar con todos, independientemente de las diferencias personales, hay que colaborar para que la actividad salga bien), hacer amigos, fomentar la cohesión grupal, mantener buena relación con el profesor, monitor o entrenador, implicar a los participantes en la toma conjunta de decisiones, poner ideas en común y resolver problemas conjuntamente.

Las aplicaciones prácticas de la TAD como ves, van encaminadas a estimular la orientación de la persona que practica alguna actividad físico-deportiva hacia la conducta autodeterminada, pasando por la mejora de la motivación intrínseca. La persona se sentirá mas identificada con la actividad que practique y la mantendrá en el tiempo.

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