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¿Qué sostiene nuestra autoestima?

Factores que sostienen nuestra autoestima

Subjetivamente la autoestima se sostiene y se nutre de un conjunto de capacidades que provienen de la individualización: la autovaloración, la autocrítica, la autoevaluación, la disposición a la responsabilidad propia y la asunción de decisiones propias. Y todo ello conduce al desarrollo de experiencias relacionales y subjetivas primordiales para las personas: a la vivencia de tener límites personales, es decir, a la diferenciación en relación con los otros y a la posibilidad de la autonomía, entendida como definición y delimitación del ¨yo¨.

La autoestima verdadera, a diferencia de la ilusión de autoestima, se logra como parte de un aprendizaje que integra los siguientes factores:

  • La autocrítica: como un proceso que incluye el reconocimiento de los propios errores, para aceptarlos, saber perdonarlos y, por fin, superarlos. Así como reconocer aquello que se hace bien, que genera satisfacción y sentido de utilidad, sea o no reconocido por los demás.
  • La responsabilidad: aceptar que la propia vida es consecuencia de las decisiones personales, salir del rol de víctima, del papel secundario, y ser el/la protagonista de tu propia existencia. De este modo, si el presente no te satisface es porque seguramente estás permitiendo, de algún modo, por acción o por omisión, que así suceda.

Es una decisión personal trabajar para cambiarlo, reflexionar sobre cuáles son las probables causas de tal insatisfacción y actuar en consecuencia, para, así, poder crear la situación de vida que sea más acorde con las propias expectativas.

  • El respeto hacia sí misma/o y hacia el propio valor como persona: Para ejercer la igualdad primero hay que tener bien clara la propia valía, sin creerse menos que nadie. El valor del tiempo dedicado a los demás es un derecho propio, como el valor a la recuperación de espacios personales para la propia salud psíquica.

 El respeto hacia sí mismo/a también debe partir del reconocimiento propio, del amor propio y del derecho a ser felices, como cualquier otro ser humano.

  • El límite de los propios actos y el de los actos de los demás: relacionado con el respeto está la cuestión del principio que debe regir los actos. Y ese principio es el de no dañar al otro y el de no permitir que el otro nos dañe. El no iniciar una acción con la intención de dañar al otro no significa que, sin quererlo, se pueda efectivamente dañar. Si bien, no haber tenido la intención ni voluntad de dañar conlleva la posibilidad de reparar ese daño más fácilmente que si se hubiera causado a propósito. El principio de no dañar a otro lleva implícito el derecho de evitar que otro nos cause algún daño, de reivindicar el respeto como condición básica de toda relación.
  • La autonomía: la búsqueda de espacios para la autorrealización y la independencia son tan importantes como los otros aspectos aquí reseñados, y quizás se consigan luego de haber transcurrido un buen camino de ese trayecto, al que se denomina autoestima.

El camino hacia la autoestima es sinuoso. No es fácil partir de la desvalorización propia o ajena y llegar a la meta, que es la valorización propia. Sobre todo cuando este camino se inicia en la madurez, porque no viene como equipaje de la infancia o de la adolescencia. Nathaniel Branden señala al respecto:

“El nivel de nuestra autoestima no se consigue de una vez y para siempre en la infancia. Puede crecer durante el proceso de maduración o se puede deteriorar. Hay gente cuya autoestima era más alta a los diez años que a los sesenta, y viceversa. La autoestima puede aumentar y decrecer y aumentar otra vez a lo largo de la vida.”

Marcela Lagarde hace referencia a alcanzar en la adultez un punto de inflexión como consecuencia de una elección de vida coherente:

“Cuando las mujeres logran resolver el conflicto interior por haber cambiado, entonces sus decisiones y sus opciones, su capacidad de adaptarse a condiciones adversas o de avanzar y desarrollarse se integran como nutriente de la autoestima en sentido estricto. Es decir, en estas condiciones aumenta la autovaloración por lo logrado y por haber vencido la impotencia o la imposición de condiciones inadmisibles. Emerge así una condición de autoestima, la potencia personal.”

Enrique Rojas entiende la autoestima es parte de:

“Percibir correctamente la realidad, aceptarse a uno mismo, vivir con naturalidad, concentrarse en los problemas y las dificultades, tener un espacio privado que nos de autonomía y mantener unas relaciones interpersonales profundas previamente seleccionadas van dando forma, a la larga, a la plenitud personal.”

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